El proyecto, ese gran desconocido 2


Cuando pensamos en hacer obras en nuestro edificio, no es de extrañar que nos vengan a la cabeza todos los problemas que vamos a tener. Gestionar una obra no es nada fácil, y hay muchos aspectos a tener en cuenta. Por un lado está la parte técnica y legal, todo lo que se refiere a materiales, plazos, instalaciones, estructura, mediciones, diseño, seguridad de la obra, licencias, etc. Y por otro lado está la parte de las relaciones interpersonales, poner de acuerdo a muchas personas, tanto dentro de la propia obra como a los propios vecinos de la comunidad, con opiniones diferentes, puntos de vista distintos.

Una vez que damos el paso y decidimos que necesitamos hacer obras, empiezan las complicaciones. No sabemos muy bien por dónde empezar, y empezamos a investigar. Pedimos presupuestos a diferentes constructoras, pero no los entendemos muy bien ¿son todos iguales ¿está todo incluido? Elegimos uno, más bien por intuición, o porque nos han dicho que trabaja bien, o porque es el más barato. Y cuando empiezan las obras, empiezan las complicaciones. Resulta que había cosas que no estaban incluidas en el presupuesto, que tenemos que contratar el proyecto con un arquitecto, porque es obligatorio. Además, nos hablan de alguna subvención, pero resulta que no la podemos pedir porque no cumplimos las condiciones. En conclusión, problemas y mucho más dinero de lo que se suponía que iba a ser.

Desde nuestro punto de vista, muchas de estas complicaciones se pueden solucionar e incluso evitar si contamos con el asesoramiento técnico adecuado desde el inicio del proceso de rehabilitación. Es tan sencillo como contar un buen proyecto de rehabilitación. Un proyecto, ese gran desconocido, esa palabra que no entendemos muy bien lo que significa; nos suena como algo de tiene que hacer un arquitecto pero que lo contrataremos sólo si es obligatorio.

Sin embargo, el proyecto es más que un simple documento, un simple informe. Lo verdaderamente importante es el trabajo y la responsabilidad que hay detrás y todos los problemas que nos evita si se gestiona adecuadamente. El proyecto nos da información para que pensemos antes de decidir, nos ayuda a tomar decisiones acertadas.

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El documento final es el resultado del análisis de los problemas existentes y las  posibles soluciones

 

Pongamos el ejemplo de la fachada de una comunidad. Si queremos rehabilitar nuestra fachada, tenemos distintas opciones en el mercado. Hacer sólo una mejora estética, por ejemplo rasear y pintar, o también podemos mejorar su comportamiento energético mediante un S.A.T.E. o una fachada ventilada, incluso plantear un cambio de ventanas, de forma que podamos mantener mejor la temperatura de nuestra casa tanto en verano como en invierno y consumir menos calefacción. No todas las soluciones se adaptan a lo que realmente necesitamos ni en precio, ni en características técnicas, pero tampoco en las subvenciones a las que se puede acceder. Gracias al estudio previo (que forma parte del proyecto) podemos valorar las diferentes opciones, los pros y los contras de cada una para poder tomar una primera decisión.

Una vez que nos hemos decidido, supongamos que nos hemos decantado por un S.A.T.E. (Sistema de Aislamiento Térmico Exterior), con el proyecto haremos una valoración más detallada de los costes y de las partidas que son necesarias para llevar a cabo las obras.

Con todo esto definido, es el momento de pedir presupuestos a las diferentes constructoras y entonces sí que seremos capaces de compararlos, puesto que todos presupuestan sobre la misma obra, sobre la misma solución técnica. Además, gracias al proyecto, también podremos pedir presupuestos del resto de gastos que son necesarios para hacer las obras, los andamios, la coordinación de seguridad y salud, las instalaciones, etc. De esta forma intentaremos no olvidarnos de nada y así no tener que añadir gastos previsibles a medida que van avanzando las obras.

Es importante tener en cuenta, no sólo el dinero que voy a invertir en la obra sino también las subvenciones a las que puedo acceder. En el caso de la fachada, por ejemplo, suele ser habitual que, poniendo un mejor aislamiento (lo que supone un pequeño incremento en el coste) podamos, no sólo reducir más nuestro gasto de calefacción, sino también acceder a una subvención mucho mayor, lo que reduciría el coste global de la obra. Pero para acceder a este tipo de subvenciones suele ser necesario presentar un proyecto o memoria técnica.

Con toda la información que nos da el proyecto podremos tomar una decisión mucho más acertada, pensado en el largo plazo, en la amortización de la inversión y en todos los beneficios que nos traerá hacer las cosas bien desde el principio, evitando imprevistos previsibles y teniendo las cosas más claras desde el inicio de las obras.

Gracias a todo esto, las relaciones interpersonales se verán mucho menos afectadas. Se evitarán malos entendidos entre los vecinos y los profesionales que intervienen en las obras, las decisiones serán más fluidas y consensuadas entre todos y teniendo más información estaremos más seguros de que las decisiones que tomamos son las más adecuadas.

Esto es lo que hace por nosotros y por nuestra rehabilitación el proyecto, y todo, antes de que empiecen las obras. Como os podréis imaginar puede hacer mucho más por nosotros durante la realización de las obras, pero eso lo dejaremos para otro post más adelante.


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